Había prometido que no perdería un minuto más de mi vida para dedicártelo, pero al verdad María del Pilar no podía dejar pasar esta oportunidad.
Cuando a principios de julio me enteré de tu designación como Ministra de la Juventud, inmediatamente dijo lo que ya sabrás es vox populi: que al resucitado ministerio bajo tu mandato le faltó una palabra: “prolongada”.
Y no se si felicitarte, porque eso de que lo nombre a uno como responsable de las políticas juveniles cuando se está entrando en la edad de oro, no me parece muy halagador que se diga. Pero bueno, Chávez reconoció al fin tu calidad de “mascachicle” consumada, al más puro estilo de Iván Loscher
Al margen de ello, te saliste con la tuya, Hernández. Después de la mediocre paso como viceministra de relaciones exteriores para relaciones con el Imperio, por fin te puedes sentar junto al Presidente y darle cuentas de un despacho. Con presupuesto y todo, pues. ¡Qué lujo!
De algo valió la llorantina que montaste el día de la misa aquella, donde cual aceite sagrado de Clovis, Chávez fue ungido para curarlo de todos los males. Y se curó, según el doctor Fidel, está como una uva, con cero células cancerígenas (que no malignas, de esas le sobran).
Ese día, chica, creo que llegaste al summum de la jalabolería: lágrimas corriendo por tu des-inmaculado rostro; lágrimas de dolor por el héroe cuasi caído; dolor puro telenovelesco y melodramático, pero que sirvió para que el caudillo se fijara nuevamente en ti y te premiara con una cartera –y no de las francesas que mucho usas-.
Ese día me dio lástima, pero no por Chávez sino por ti. Porque, te vuelvo a recordar María del Pilar, que me pareces una grandísima hipócrita con esa mojigatería de la santidad interna.
Digo hipócrita porque me pregunto si a las miles de personas vejadas, atropelladas, masacradas por la Guardia Nacional estarán de acuerdo con los inflados elogios que has hecho de ese cuerpo militar.
Y por cierto, me pregunto si te confesaste antes de comulgar (como también me lo pregunto del caudillo); porque aunque no soy nadie para juzgarte en lo religioso, no es necesario ser muy erudito en materia litúrgica y sacramental para intuir que son muchos los pecados que cargas encima, empezando por la defensa de los malandros de Ávila TV luego de las salvaje golpiza que me propinaron a mí y a 11 de mis colegas.
Por tu bien, por tu vida eterna, por el descanso futuro y perpetuo de tu alma, espero que te hayas confesado antes de ingerir el cuerpo de Cristo en la hostia sagrada. En realidad no quisiera tenerte de compañera en la sexta paila del infierno a donde seguro irán a parar mis hueso.
lunes, 1 de agosto de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Algo huele mal en la OEA
Antes que una visita a huelguistas que desde hace 20 días decidieron no volver a ingerir alimentos, la sede de la OEA en Caracas parecía un resurgir de la Plaza Altamira en sus mejores tiempos de rezos y mítines.
Vetustas damas encopetadas (literalmente: con alto copetes) se abrazaban entre sí con el mismo cariño de quienes se vieron en la peluquería apenas minutos atrás.
Llamativas pulseras se quedaron engarzadas en más de un bucle de mentira. Las más discretas lucían bamboleantes colas de caballo, evidencia clara de que por poco había desatendido el llamado del clarín de la patria y la cita prefijada.
De sus grandes carteras Louis Vuitton, Versace y Gucci sacaban no menos estrambóticos lentes de sol de la misma marca, a fin de que las protegiera de los pocos rayos que se colaban por entre las ramas de los grandes jabillos de la acera.
Los olores a perfumes caros, bien caros, cerraba el paso a los efluvios provenientes del vertedero de basura de la vecina frutería.
Y los maquillajes: Guao!!! Eso sí que daba gusto apreciar: gruesas capas para proteger del inexistente sol y de las evidentes arrugas, muchas ocultas debajo de ligeras blusas de seda o los monos de trotar de importantes firmas; ninguno de los cuales, seguro estoy, ha absorbido sudor alguno.
Entre perlas domingueras y gruesos collares de oro, alguna que otra aprovechaba echar un ojo a la tienda de artesanía de piuter mexicano de al lado, cuando no a las rebajas de Kalena Jeanton. Ninguna, por honor, volteaba hacia los trajes de baño. Gabriela Chacón es un nombre prohibido en su círculo.
Algún parlamentario se dejó colar en medio de aquella re-unión de las damas altamiranas; Pablo Medina a la cabeza, persiguiendo con la mirada las tres cámaras de televisión que aguardaban por algo noticioso que valiera la pena grabas.
Un sábado cualquiera en las instalaciones de la delegatura del organismo regional es, en definitiva, un jolgorio para damas de alcurnia, un reencuentro de viejas amigas dispuestas a lucir sus mejores galas de diario y que no son capaces de traspasar el umbral de las imporisadas donde en catres de capaña varios chicos (y no tanto) se aferran a la vida gracias a unas gotas de suero y las esperanzas de cambiar un mundo que se niega a tomarlos en cuenta.
Algo huele mal en la OEA, y no es la letrina portátil colocada en la acera de en frente por si algunos de los huelguistas le sobran líquidos para desechar.
Es el tufo de una parte de la sociedad podrida que se niega a entender que sacar a este país adelante, va mucho más allá de llevar cargamentos de agua Evian a quienes decidieron dejar de comer en pos de un ideal.
Qué valientes son esos carajos!!!, dispuestos a dañar sus riñones y sus vidas por una causa que se me antoja perdida de antemano, por unos perseguidos políticos que, muy al contrario de sus defensores gratuitos, han hecho mutis ante la huelga y ninguno ha decidido acompañar.
Definitivamente, nos merecemos el país vuelto mierda que tenemos.
Vetustas damas encopetadas (literalmente: con alto copetes) se abrazaban entre sí con el mismo cariño de quienes se vieron en la peluquería apenas minutos atrás.
Llamativas pulseras se quedaron engarzadas en más de un bucle de mentira. Las más discretas lucían bamboleantes colas de caballo, evidencia clara de que por poco había desatendido el llamado del clarín de la patria y la cita prefijada.
De sus grandes carteras Louis Vuitton, Versace y Gucci sacaban no menos estrambóticos lentes de sol de la misma marca, a fin de que las protegiera de los pocos rayos que se colaban por entre las ramas de los grandes jabillos de la acera.
Los olores a perfumes caros, bien caros, cerraba el paso a los efluvios provenientes del vertedero de basura de la vecina frutería.
Y los maquillajes: Guao!!! Eso sí que daba gusto apreciar: gruesas capas para proteger del inexistente sol y de las evidentes arrugas, muchas ocultas debajo de ligeras blusas de seda o los monos de trotar de importantes firmas; ninguno de los cuales, seguro estoy, ha absorbido sudor alguno.
Entre perlas domingueras y gruesos collares de oro, alguna que otra aprovechaba echar un ojo a la tienda de artesanía de piuter mexicano de al lado, cuando no a las rebajas de Kalena Jeanton. Ninguna, por honor, volteaba hacia los trajes de baño. Gabriela Chacón es un nombre prohibido en su círculo.
Algún parlamentario se dejó colar en medio de aquella re-unión de las damas altamiranas; Pablo Medina a la cabeza, persiguiendo con la mirada las tres cámaras de televisión que aguardaban por algo noticioso que valiera la pena grabas.
Un sábado cualquiera en las instalaciones de la delegatura del organismo regional es, en definitiva, un jolgorio para damas de alcurnia, un reencuentro de viejas amigas dispuestas a lucir sus mejores galas de diario y que no son capaces de traspasar el umbral de las imporisadas donde en catres de capaña varios chicos (y no tanto) se aferran a la vida gracias a unas gotas de suero y las esperanzas de cambiar un mundo que se niega a tomarlos en cuenta.
Algo huele mal en la OEA, y no es la letrina portátil colocada en la acera de en frente por si algunos de los huelguistas le sobran líquidos para desechar.
Es el tufo de una parte de la sociedad podrida que se niega a entender que sacar a este país adelante, va mucho más allá de llevar cargamentos de agua Evian a quienes decidieron dejar de comer en pos de un ideal.
Qué valientes son esos carajos!!!, dispuestos a dañar sus riñones y sus vidas por una causa que se me antoja perdida de antemano, por unos perseguidos políticos que, muy al contrario de sus defensores gratuitos, han hecho mutis ante la huelga y ninguno ha decidido acompañar.
Definitivamente, nos merecemos el país vuelto mierda que tenemos.
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miércoles, 19 de enero de 2011
¡Coman quinchoncho!!!
Soy buscapleitos de oficio. Lo reconozco. Por algo soy periodista. Apenas supe que en su presentación de memoria y cuentos “Chiavez” (Esparza: te tomo la palabra) se ufanaba de un supuesto crecimiento de la producción agrícola en 2010, eché mano de las cifras del Banco Central de Venezuela para recordarle a quien me leyera que el Producto Interno Bruto Agrícola cayó el año pasado 2,1%, una deducción harto contrarrevolucionaria y golpista, lo sé, si se toma en cuenta que el desempeño de la agricultura nacional ya no forma parte de las estadísticas oficiales. Su desempeño es tan pobre, que hace años está resumido en el degradado reglón “Resto” en las cuentas bancocentralistas. Allí queda el sector agrícola venezolano, arrumado en un deshonroso apartado compartiendo penas y ninguna gloria con hoteles y restaurantes.
De allí saqué una somera conclusión: el comandante-presidente dio a conocer cifras agrícolas que corresponden a otro país, porque a este no; lo que me lleva a pensar que si “Chiavez” fuera un mandatario serio despediría a Nelson Merentes y a todo el directorio del BCV por echarle la burra pal’ monte, al decir que la actividad del campo cayó cuando él está convencido –y quiere convencernos- de todo lo contrario.
Más allá de estas fastidiosas consideraciones técnicas, es imposible pasar por alto el detalle sobre rubros que estaban a punto de desaparecer, y que según el comandante presidente, crecieron en 2010: algodón (22%), maní, ajonjolí (3,6%), girasol (148%), frijol (17%), caraotas (1,7%) y el glorioso quinchoncho (7%). Como me recuerda Telmo Almada, el aumento de la cosecha de quinchoncho es impelable en cuanta alocución “Chiavez” ofrece para magnificar las glorias agrícolas del gobierno.
Y aquí voy al grano. En honor a la verdad: ¿cuántos de los que van a leer esto (y ojala sean muchos) han comido alguna vez en su vida quinchoncho? ¿Quiénes de los que dedicaron su tiempo a seguir estas líneas han visto un quinchoncho? ¿Cuántos conocen su planta? Es más: ¿Quién sabe qué carajo es el quinchoncho?
Estoy seguro que muy pocos saben siquiera que se trata de un grano, de una leguminosa (cajanus indicus o cajanus cajan es su nombre científico) que cual frijol balsino, se prepara en sopa o como acompañante de comidas típicas de los llanos venezolanos.
No los estoy ofendiendo. No les estoy diciendo ignorantes. Nada más lejos. Solo que como citadinos, estoy seguro de que pocos han visto un quinchoncho, porque en esta Caracas de hoy es muy raro encontrar esta poco apreciada (y agraciada) leguminosa.
Provinciano al fin (nací en Caripito, edo. Monagas, y mis vacaciones transcurrían entre Cariaquito, edo Sucre, y Buena Vista, edo. Anzoátegui, donde vivían mis difuntas abuelas paterna y materna, respectivamente), conozco las pocas bondades gastronómicas de este grano rechoncho y amarillento.
No me gusta, lo confieso. Por más que “Chiavez” se empeñe en ensalzarlo, es el único grano que no consumo con agrado. Y seguro estoy que muchos de ustedes tampoco. Tiene un sabor amargo que, según Candelaria, mi madre, se debe a que pocas personas lo saben preparar, pues hay que dejarlo remojar a sol y sereno, botarle el agua varias veces y cocinarlo mucho para que largue el sabor acre que deja en la boca.
Con todas estas tonterías solo quiero sacarme la frustración por el empeño de “Chiavez” de vendernos la idea de que el país está saliendo del hueco, que la agricultura está boyante y que vamos hacia la soberanía alimentaria plena. Coño presidente: ¿quién carajo en este país basa su dieta en quinchoncho? Si el bendito grano al menos fuera agradable al paladar, seguro que podría sustituir a las caraotas (que son importadas casi todas, por cierto) en el muy criollo pabellón. Pero ese pobre grano no podrá nunca ser un ingrediente de peso en la culinaria nacional. Olvídelo.
Dedique esos esfuerzos y recursos en algo realmente importante, como hacer crecer la siembra de caraotas, de arroz (que también estamos importando), de papa (que cayó 60% el año pasado y también tendremos que traer de afuera), de maíz, plátano, café o caña de azúcar, que bastante falta nos hace comer y beber esas cosas a diario.
Deje el quinchoncho para lo que siempre ha sido: un grano que se come de vez en cuando en las regiones llaneras. Y digo de vez en cuando porque hasta en mi familia, llanerísima como es, se come poco por su aspereza, pesadez y colosal efecto flatulencial.
Es más, le doy una idea: si tanto empeño tiene en hacer crecer la cosecha de quinchoncho, industrialícelo como tratamiento contra la sinusitis, pues lo que no se puede negar es la eficacia de inhalar la infusión de sus cogollos o echarse unas goticas de guarapo de las flores en la nariz para destapar los senos paranasales. Tanto es su poder curativo, que los gringos lo han transformado en pastillas.
También le doy un dato, comandante-presidente: decía mi abuelo Guillermo –que de eso sabía pues murió con más de 110 años a cuestas- que las cataplasmas de hojas de quinchoncho eran buenísimas para los dolores reumáticos, y un cocimiento de su raíz sirve para los cálculos y otros males renales.
Esa podría ser una buena solución, pero no nos siga sometiendo al escarnio internacional de vanagloriarse por el incremento productivo de una leguminosa que no da para más.
Y por favor, no se le ocurra ofrecerle un realero a Aníbal Nazoa para convencerlo de hacer un comercial sobre el quinchoncho, a imagen y semejanza de aquel que decía “coman sardina”. Evítenos esa vergüenza.
De allí saqué una somera conclusión: el comandante-presidente dio a conocer cifras agrícolas que corresponden a otro país, porque a este no; lo que me lleva a pensar que si “Chiavez” fuera un mandatario serio despediría a Nelson Merentes y a todo el directorio del BCV por echarle la burra pal’ monte, al decir que la actividad del campo cayó cuando él está convencido –y quiere convencernos- de todo lo contrario.
Más allá de estas fastidiosas consideraciones técnicas, es imposible pasar por alto el detalle sobre rubros que estaban a punto de desaparecer, y que según el comandante presidente, crecieron en 2010: algodón (22%), maní, ajonjolí (3,6%), girasol (148%), frijol (17%), caraotas (1,7%) y el glorioso quinchoncho (7%). Como me recuerda Telmo Almada, el aumento de la cosecha de quinchoncho es impelable en cuanta alocución “Chiavez” ofrece para magnificar las glorias agrícolas del gobierno.
Y aquí voy al grano. En honor a la verdad: ¿cuántos de los que van a leer esto (y ojala sean muchos) han comido alguna vez en su vida quinchoncho? ¿Quiénes de los que dedicaron su tiempo a seguir estas líneas han visto un quinchoncho? ¿Cuántos conocen su planta? Es más: ¿Quién sabe qué carajo es el quinchoncho?
Estoy seguro que muy pocos saben siquiera que se trata de un grano, de una leguminosa (cajanus indicus o cajanus cajan es su nombre científico) que cual frijol balsino, se prepara en sopa o como acompañante de comidas típicas de los llanos venezolanos.
No los estoy ofendiendo. No les estoy diciendo ignorantes. Nada más lejos. Solo que como citadinos, estoy seguro de que pocos han visto un quinchoncho, porque en esta Caracas de hoy es muy raro encontrar esta poco apreciada (y agraciada) leguminosa.
Provinciano al fin (nací en Caripito, edo. Monagas, y mis vacaciones transcurrían entre Cariaquito, edo Sucre, y Buena Vista, edo. Anzoátegui, donde vivían mis difuntas abuelas paterna y materna, respectivamente), conozco las pocas bondades gastronómicas de este grano rechoncho y amarillento.
No me gusta, lo confieso. Por más que “Chiavez” se empeñe en ensalzarlo, es el único grano que no consumo con agrado. Y seguro estoy que muchos de ustedes tampoco. Tiene un sabor amargo que, según Candelaria, mi madre, se debe a que pocas personas lo saben preparar, pues hay que dejarlo remojar a sol y sereno, botarle el agua varias veces y cocinarlo mucho para que largue el sabor acre que deja en la boca.
Con todas estas tonterías solo quiero sacarme la frustración por el empeño de “Chiavez” de vendernos la idea de que el país está saliendo del hueco, que la agricultura está boyante y que vamos hacia la soberanía alimentaria plena. Coño presidente: ¿quién carajo en este país basa su dieta en quinchoncho? Si el bendito grano al menos fuera agradable al paladar, seguro que podría sustituir a las caraotas (que son importadas casi todas, por cierto) en el muy criollo pabellón. Pero ese pobre grano no podrá nunca ser un ingrediente de peso en la culinaria nacional. Olvídelo.
Dedique esos esfuerzos y recursos en algo realmente importante, como hacer crecer la siembra de caraotas, de arroz (que también estamos importando), de papa (que cayó 60% el año pasado y también tendremos que traer de afuera), de maíz, plátano, café o caña de azúcar, que bastante falta nos hace comer y beber esas cosas a diario.
Deje el quinchoncho para lo que siempre ha sido: un grano que se come de vez en cuando en las regiones llaneras. Y digo de vez en cuando porque hasta en mi familia, llanerísima como es, se come poco por su aspereza, pesadez y colosal efecto flatulencial.
Es más, le doy una idea: si tanto empeño tiene en hacer crecer la cosecha de quinchoncho, industrialícelo como tratamiento contra la sinusitis, pues lo que no se puede negar es la eficacia de inhalar la infusión de sus cogollos o echarse unas goticas de guarapo de las flores en la nariz para destapar los senos paranasales. Tanto es su poder curativo, que los gringos lo han transformado en pastillas.
También le doy un dato, comandante-presidente: decía mi abuelo Guillermo –que de eso sabía pues murió con más de 110 años a cuestas- que las cataplasmas de hojas de quinchoncho eran buenísimas para los dolores reumáticos, y un cocimiento de su raíz sirve para los cálculos y otros males renales.
Esa podría ser una buena solución, pero no nos siga sometiendo al escarnio internacional de vanagloriarse por el incremento productivo de una leguminosa que no da para más.
Y por favor, no se le ocurra ofrecerle un realero a Aníbal Nazoa para convencerlo de hacer un comercial sobre el quinchoncho, a imagen y semejanza de aquel que decía “coman sardina”. Evítenos esa vergüenza.
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viernes, 21 de agosto de 2009
No te daré el gusto María del Pilar
Ex respetada María del Pilar Hernández: juro que intentaré que sea ésta la última vez que me tomo la molestia de ocupar mí tiempo en usted. La vez anterior fue para criticar el tonito cínico de su voz; crítica que por cierto no le hice llegar, por lo cual no forma parte de esa catajarria de insultos digitales que usted ha denunciado.
Esta vez es para decirle que no le daré el gusto de insultarme al aire. No señora. No tendrá el agrado de oír de mí una nueva solicitud de derecho a réplica por las barbaridades que usted, amparada en la alta posición política que ocupa en el Partido Socialista Unido de Venezuela, se ha encargado de divulgar en su programa de radio y en cuanto medio producto del ingenio humano existe.
Y digo nueva solicitud porque es falso que este servidor, Jesús Antonio Hurtado Matute, periodista de oficio y natural de Caripito, no haya pedido la réplica que usted ansía más que yo. La policía científica (¡carajo! que fácil era decir PTJ) puede determinar las horas exactas en las que llamé a Unión Radio el lunes 17 y martes 18 de agosto de este año del Señor de 2009 para hablar en su programa, cosa que usted me negó y gracias a Dios fue así.
Me permito además decirle que el derecho a réplica no está normado por ninguna otra ley que la Constitución Nacional, por lo que no es cierto que tenga que dirigirse un oficio a periodista o medio alguno para exigirlo. Con una simple llamada basta.
También le aclaro, ex colega (ya no la considero como tal) que los 12 periodistas agredidos que trabajamos en la Cadena Carriles (diarios Últimas Noticias, Líder y El Mundo Economía y Negocios) jamás convocamos a una “cayapa” contra usted, ni intentamos amedrentarla montando un “show” a las puertas de Unión Radio, como ha dicho en su programa en esa emisora.
No señora. Sólo íbamos a ir cinco (5 en números arábigos y V en romanos) periodistas a pedirle personalmente esa réplica que ya no oirá ni leerá de ninguno de nosotros, pero desistimos de ello al enterarnos que usted sí había convocado a las huestes de Ávila TV para que hicieran de barrera contra la fuerza de choque integrada por cinco comunicadores sociales. Eso sí es un show y era un conflicto seguro que preferimos evitar, no por miedo, sino para resguardarnos de que usted nos acusara nuevamente de provocadores. No le tenemos miedo María del Pilar (Maripili para los íntimos y los no tanto. Ni en unos ni otros no me cuento).
Reitero, señora Hernández, no le daré el gusto de insultarme al aire, ni a mí ni a ninguno de mis compañeros. Hemos decidido no ignorarla, una acción mucho más sencilla que ignorarla. Determinamos evitarnos el disgusto de que al otro lado del auricular usted nos ofenda en vivo y directo, pues no creo ni creemos que merezca la pena entablar una improbable conversación con alguien que defiende una causa perdida con fines desconocidos.
Aclarados estas circunstancias (me quedan muchas, pero no deseo perder más tiempo en ello) entrompo estas líneas hacia lo que iba: sí antes me atreví a gastar energías en escribir sobre su tonito de mascachicle trasnochada de los 80, hoy es para decir ¡Qué bajo ha caído, ex colega!
Hasta ahora tenía algo de respeto por su trabajo, María del Pilar, pero después de esta semana es imposible que lo sostenga. El supino descaro con el que usted defiende lo indefendible solo se puede entender desde su papel como operador político de la revolución, porque desde la óptica periodística creo que ni siquiera los más conspicuos miembros del ala radical del Psuv lo comparten.
De hecho, son varios los miembros de ese partido, diputados, presidentes de organismos públicos, dirigentes gremiales, sindicalistas y comunicadores rojos rojitos (de los de verdad) que me han llamado para expresar su solidaridad y repudio a la inconcebible agresión de la que fui víctima, e incluso para rechazar las mentiras que usted quiere a toda costa anteponer a la realidad.
Que sienta “repugnancia” de la satanización que en su opinión quiere hacer Últimas Noticias de Ávila TV, es algo que me alegra. Me alegra que sienta repugnancia y que viva en carne propia lo que miles de venezolanos sentimos todos estos días al oírla decir tamañas mentiras, imperdonables insultos y barbaridades, que tergiversan por completo los lineamientos que sus profesores trataron de inculcarle en la universidad. Los pobres gastaron pólvora en zamuro.
Espero algún día comprender la razón que la lleva a intentar (porque solo quedará en eso, señora Hernández, en un intento) cambiar la realidad de un hecho evidente, público y notorio: que César Batiz no agredió a Gabriel Uzcátegui. Esa foto a la que alude demuestra claramente que Batiz solo trata de salvar a Marco Ruiz de la golpiza que cinco militantes de la revolución le propinaban por el mero hecho de ejercer su derecho a protestar un artículo de la Ley de Educación que sí lesiona la libertad de expresión.
Por cierto, y ya que usted conoce todo sobre el señor Uzcátegui: ¿por qué si él estaba herido no se presentó a Fiscalía, medicatura forense o a un módulo de Barrio Adentro para que lo atendieran? ¿Dónde está el informe médico que demuestre que Carlos Andrés Pérez o la pelúa de trenzas rojas rojitas fueron agredidos por los volantes asesinos que intentamos entregar? ¿Dónde el registro de los golpes con pancartas de cartón a alguna de las más de veinte personas que nos rodearon?
¡Carajo María del Pilar! ¿Quién le va a creer que yo agarré un palo para golpearme en la cabeza, o que Fernando Peñalver se hizo una fisura en el cráneo para inculpar a nuestros agresores? Sería bien ingenua si cree eso, y candidez es algo que demuestra día a día no tener, a pesar de su tonito de niña buena que se niega a abandonar aun cuando los años mozos hace rato que le pasaron de largo.
Que usted intente (porque la Fiscalía ya ha hablado y eso, aunque se cambie, ya es público y notorio) decir que Últimas Noticias truqueó las fotos publicadas para ocultar la “agresión” de la que fue víctima Uzcátegui, es un argumento que se cae por su propio peso: la ex PTJ ha utilizado esas fotos como evidencia, y si creyera que fueron truqueadas las descartaría como prueba.
Por cierto, le informo que la policía científica ya examinó cámara y fotos con expertos para descartar una posible manipulación de las gráficas. Es decir, ese argumento no lo siga usando que ya no tiene sentido.
Y ni se diga de esa barbaridad de pedir la detención de los 12 afectados el 13-A: sabemos que estamos en un país donde los bueyes van detrás de la carreta, pero ni el más torpe investigador va a comprarle el discurso. De ello tengo casi la suficiente convicción.
También aspiro algún día descubrir por qué cual tigra parida defiende a Ávila TV. Ojala no sea porque busca ser nombrada su directora o presidenta. No lo intente. Recuerde cómo salió con las tablas en la cabeza de Canal i por incompetente. Aprenda del pasado y tenga en cuenta que otra falla como esa la dejará muy mal parada, ex colega.
Y por cierto, niego categóricamente que periodistas, al menos de los muchos que conozco, hayan solicitado a Unión Radio suspender el programa que conduce en esa emisora. Eso sería una bajeza de nuestra parte y jamás estaremos dispuestos a ponernos a su chatura.
No soy quien para decir esto, pero aún temiendo el castigo divino me atrevo a hacerlo: vaya a misa y confiésese. Usted, que es una católica, apostólica y romana devota. Usted, que casi me hizo llorar cuando con voz bajita y entrecortada narraba emocionada la beatificación del “indiecito” Juan Diego (por cierto, hizo juerga por un santo ajeno y ni una llamadita le oí hacer para la criolla Candelaria de San José). Usted, que de vez en cuando invoca a la Virgen y a Dios para que la protejan, debe saber en su fuero interno que pecó de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por su culpa, por su gradísima culpa, pídale perdón a Dios.
Por estas y otras muchas razones, María del Pilar, he decidido declararla persona non gratta, retirarle mi respeto y el calificativo de colega periodista, además de no ignorarla. Ah, antes de que alguien se lo diga, hice la petición al Colegio Nacional de Periodistas para que sea declarada de la misma manera, pero dudo que el CNP se tome la molestia de discutir esta cuestión. Hay cosas realmente urgentes que competen al gremio periodístico para malversar energías en nimiedades como esa.
Por lo pronto dejo de escribir y perder mi valioso tiempo en referirme a usted. No vale la pena. Mi última consideración es para recordarle algo que dijo el presidente Chávez en cadena nacional: “águila no caza mosca”. Por eso María del Pilar, no le daré el gusto de ejercer mi derecho a réplica.
Esta vez es para decirle que no le daré el gusto de insultarme al aire. No señora. No tendrá el agrado de oír de mí una nueva solicitud de derecho a réplica por las barbaridades que usted, amparada en la alta posición política que ocupa en el Partido Socialista Unido de Venezuela, se ha encargado de divulgar en su programa de radio y en cuanto medio producto del ingenio humano existe.
Y digo nueva solicitud porque es falso que este servidor, Jesús Antonio Hurtado Matute, periodista de oficio y natural de Caripito, no haya pedido la réplica que usted ansía más que yo. La policía científica (¡carajo! que fácil era decir PTJ) puede determinar las horas exactas en las que llamé a Unión Radio el lunes 17 y martes 18 de agosto de este año del Señor de 2009 para hablar en su programa, cosa que usted me negó y gracias a Dios fue así.
Me permito además decirle que el derecho a réplica no está normado por ninguna otra ley que la Constitución Nacional, por lo que no es cierto que tenga que dirigirse un oficio a periodista o medio alguno para exigirlo. Con una simple llamada basta.
También le aclaro, ex colega (ya no la considero como tal) que los 12 periodistas agredidos que trabajamos en la Cadena Carriles (diarios Últimas Noticias, Líder y El Mundo Economía y Negocios) jamás convocamos a una “cayapa” contra usted, ni intentamos amedrentarla montando un “show” a las puertas de Unión Radio, como ha dicho en su programa en esa emisora.
No señora. Sólo íbamos a ir cinco (5 en números arábigos y V en romanos) periodistas a pedirle personalmente esa réplica que ya no oirá ni leerá de ninguno de nosotros, pero desistimos de ello al enterarnos que usted sí había convocado a las huestes de Ávila TV para que hicieran de barrera contra la fuerza de choque integrada por cinco comunicadores sociales. Eso sí es un show y era un conflicto seguro que preferimos evitar, no por miedo, sino para resguardarnos de que usted nos acusara nuevamente de provocadores. No le tenemos miedo María del Pilar (Maripili para los íntimos y los no tanto. Ni en unos ni otros no me cuento).
Reitero, señora Hernández, no le daré el gusto de insultarme al aire, ni a mí ni a ninguno de mis compañeros. Hemos decidido no ignorarla, una acción mucho más sencilla que ignorarla. Determinamos evitarnos el disgusto de que al otro lado del auricular usted nos ofenda en vivo y directo, pues no creo ni creemos que merezca la pena entablar una improbable conversación con alguien que defiende una causa perdida con fines desconocidos.
Aclarados estas circunstancias (me quedan muchas, pero no deseo perder más tiempo en ello) entrompo estas líneas hacia lo que iba: sí antes me atreví a gastar energías en escribir sobre su tonito de mascachicle trasnochada de los 80, hoy es para decir ¡Qué bajo ha caído, ex colega!
Hasta ahora tenía algo de respeto por su trabajo, María del Pilar, pero después de esta semana es imposible que lo sostenga. El supino descaro con el que usted defiende lo indefendible solo se puede entender desde su papel como operador político de la revolución, porque desde la óptica periodística creo que ni siquiera los más conspicuos miembros del ala radical del Psuv lo comparten.
De hecho, son varios los miembros de ese partido, diputados, presidentes de organismos públicos, dirigentes gremiales, sindicalistas y comunicadores rojos rojitos (de los de verdad) que me han llamado para expresar su solidaridad y repudio a la inconcebible agresión de la que fui víctima, e incluso para rechazar las mentiras que usted quiere a toda costa anteponer a la realidad.
Que sienta “repugnancia” de la satanización que en su opinión quiere hacer Últimas Noticias de Ávila TV, es algo que me alegra. Me alegra que sienta repugnancia y que viva en carne propia lo que miles de venezolanos sentimos todos estos días al oírla decir tamañas mentiras, imperdonables insultos y barbaridades, que tergiversan por completo los lineamientos que sus profesores trataron de inculcarle en la universidad. Los pobres gastaron pólvora en zamuro.
Espero algún día comprender la razón que la lleva a intentar (porque solo quedará en eso, señora Hernández, en un intento) cambiar la realidad de un hecho evidente, público y notorio: que César Batiz no agredió a Gabriel Uzcátegui. Esa foto a la que alude demuestra claramente que Batiz solo trata de salvar a Marco Ruiz de la golpiza que cinco militantes de la revolución le propinaban por el mero hecho de ejercer su derecho a protestar un artículo de la Ley de Educación que sí lesiona la libertad de expresión.
Por cierto, y ya que usted conoce todo sobre el señor Uzcátegui: ¿por qué si él estaba herido no se presentó a Fiscalía, medicatura forense o a un módulo de Barrio Adentro para que lo atendieran? ¿Dónde está el informe médico que demuestre que Carlos Andrés Pérez o la pelúa de trenzas rojas rojitas fueron agredidos por los volantes asesinos que intentamos entregar? ¿Dónde el registro de los golpes con pancartas de cartón a alguna de las más de veinte personas que nos rodearon?
¡Carajo María del Pilar! ¿Quién le va a creer que yo agarré un palo para golpearme en la cabeza, o que Fernando Peñalver se hizo una fisura en el cráneo para inculpar a nuestros agresores? Sería bien ingenua si cree eso, y candidez es algo que demuestra día a día no tener, a pesar de su tonito de niña buena que se niega a abandonar aun cuando los años mozos hace rato que le pasaron de largo.
Que usted intente (porque la Fiscalía ya ha hablado y eso, aunque se cambie, ya es público y notorio) decir que Últimas Noticias truqueó las fotos publicadas para ocultar la “agresión” de la que fue víctima Uzcátegui, es un argumento que se cae por su propio peso: la ex PTJ ha utilizado esas fotos como evidencia, y si creyera que fueron truqueadas las descartaría como prueba.
Por cierto, le informo que la policía científica ya examinó cámara y fotos con expertos para descartar una posible manipulación de las gráficas. Es decir, ese argumento no lo siga usando que ya no tiene sentido.
Y ni se diga de esa barbaridad de pedir la detención de los 12 afectados el 13-A: sabemos que estamos en un país donde los bueyes van detrás de la carreta, pero ni el más torpe investigador va a comprarle el discurso. De ello tengo casi la suficiente convicción.
También aspiro algún día descubrir por qué cual tigra parida defiende a Ávila TV. Ojala no sea porque busca ser nombrada su directora o presidenta. No lo intente. Recuerde cómo salió con las tablas en la cabeza de Canal i por incompetente. Aprenda del pasado y tenga en cuenta que otra falla como esa la dejará muy mal parada, ex colega.
Y por cierto, niego categóricamente que periodistas, al menos de los muchos que conozco, hayan solicitado a Unión Radio suspender el programa que conduce en esa emisora. Eso sería una bajeza de nuestra parte y jamás estaremos dispuestos a ponernos a su chatura.
No soy quien para decir esto, pero aún temiendo el castigo divino me atrevo a hacerlo: vaya a misa y confiésese. Usted, que es una católica, apostólica y romana devota. Usted, que casi me hizo llorar cuando con voz bajita y entrecortada narraba emocionada la beatificación del “indiecito” Juan Diego (por cierto, hizo juerga por un santo ajeno y ni una llamadita le oí hacer para la criolla Candelaria de San José). Usted, que de vez en cuando invoca a la Virgen y a Dios para que la protejan, debe saber en su fuero interno que pecó de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por su culpa, por su gradísima culpa, pídale perdón a Dios.
Por estas y otras muchas razones, María del Pilar, he decidido declararla persona non gratta, retirarle mi respeto y el calificativo de colega periodista, además de no ignorarla. Ah, antes de que alguien se lo diga, hice la petición al Colegio Nacional de Periodistas para que sea declarada de la misma manera, pero dudo que el CNP se tome la molestia de discutir esta cuestión. Hay cosas realmente urgentes que competen al gremio periodístico para malversar energías en nimiedades como esa.
Por lo pronto dejo de escribir y perder mi valioso tiempo en referirme a usted. No vale la pena. Mi última consideración es para recordarle algo que dijo el presidente Chávez en cadena nacional: “águila no caza mosca”. Por eso María del Pilar, no le daré el gusto de ejercer mi derecho a réplica.
domingo, 5 de julio de 2009
Maripili la tísica
Reconozco Maripili que esto es personal y enteramente visceral. Confieso además que nunca estuve de tu lado (es decir, con el proceso). Pero la cosa contigo está llegando a términos que me animan a perder un poco de tiempo escribiendo estas tonterías que no las leerá más que dos o tres amigos, pero que me sirven de desahogo para sacarme de encima el mal sabor que me deja oír algunas barbaridades que dices casi a diario.
Acepto tu estilo. Comprendo que apoyes al 'poseso'. Respeto que seas una madre dedicada y que por ello te opusiste cual tigra al pico y placa de Chacao porque te alejaba media cuadra del colegio de tus hijos (eso valió mi respeto por tí como cabeza de familia). Soy capaz de entender que te quedaste engancha (como la también cincuentona Carolina Jaimes Branger) y no pudiste desprenderte del tonito demodé de sifrina ochentosa que impuso Laura Pérez, pero la ‘tosecita’ al leer el artículo de Clodosvaldo Hernández (El Universal, viernes 03 de julio 2009) fue demasiado.
Esa tos me dijo lo mal que estás, colega. Me habló de cuán carcomidos están tus pulmones por imponerte seguir a un líder que ni siquiera te defendió (no tenía cómo hacerlo) cuando el Tribunal Supremo de Justicia te ordenó salir como corcho de botella del cargo creado a tu medida en la Cancillería, ni tampoco cuando te despacharon sin mayores remilgos de Canal i.
Esa tosecita te quedó de lo peor. Fue tan fuera de lugar el querer darle una entonación a la onomatopeya escrita por Hernández, que ni siquiera el propio Clodosvaldo te acompañó en el patético sketch que montaste al leerlo. Más papista que el papa, pues.
¡Carajo Maripili, cuándo vas a aprender! ¿No te das cuenta que ya eres una mujer grande, con hijos crecidos, con un público que te sigue (yo entre ellos, por obligación, claro) y con un deber para con una sociedad que exige se le respete y que dejes el modulado de “sin par de Caurimare”, que pide que lo cambies por una voz aguerrida que al menos pueda hacer creíble lo indefendible? Aprende Vanessa (Davies) o de Helena salcedo. Esas sí que tienen una voz convincente
Y los comentarios en esa entrevista con Clodosvaldo en nada te beneficiaron, colega. Hablar de locuras, de desenfados, de irrealidades es un descaro. Si no lo crees, intenta convencer a quienes todos los días nos calamos las muchas verdades a medias que dices (OJO, léase bien: mediasverdades, que no mentiras, porque todo es según el cristal con que se mira y el tuyo tiene uno tono rojizo ajuro que no te lo quita nadie).
¡Si que eres bien descarada Maripili! Hablas de la equidad, de la transparencia que debe reinar en la información (¿o es tranparencia y los años ya me dejaron ya medio sordo?), de la objetividad (en la cual no creo) que debe presidir al hecho informativo, pero parece que es para con los demás, porque en tu caso no se aplica.
Aprende, mujer, que la brevedad de tus incursiones en los altos del poder fue tan fugaz como la del Carmona que tanto criticas. Reconoce que también quien nos gobierna es golpista (de los buenos, según tú y buena parte de quienes lo siguen). Acepta que los hondureños tienen tanto derecho a decidir su futuro como la tienen los millones de seguidores de Chávez.
Me pregunto por qué no criticas con la misma vehemencia que un presidente en ejercicio (Chávez) amenace a otro con derrocarlo, porque digas lo que digas, te parezca ‘de lo peor’ o te muerdas el codo de la arrechera, según las leyes de Honduras Micheletti es el presidente de ese país y punto.
Pero bueno, lo que me ocupa no es con tu posición política ni la muy cuestionable idea que tienes del periodismo, sino tu flemática tos radial y el caradurismo con el que hablas de equilibrio informativo sin siquiera pensar en cómo aplicas ese principio en ti quehacer diario.
Ah, y el tonito sifrino. Confieso que eso sí me revienta, porque se lo acepto a carajitas de poco seso, pero no a una mujer entrada en años como tu (o la Jaimes Branger) y que se supone defensora a ultranza de un socialismo del que estoy seguro no crees, pues si fueras tan roja rojita como dices serlo tendrías a tus hijos en una escuela socialista y no en una del reducto opositor de Chacao. Si el convencimiento fuera tal, te aseguro que te habrías quitado ese dejo de mascachicle de los 80.
Por cierto, de corazón espero que en una próxima oportunidad ensayes mejor la tos, porque la que sacarte a relucir el viernes pasado es menos convicente que la de una cantante de ópera en el rol de la tísica Violeta Valery de La Traviata. Y ni se parece remotamente a la de un infectado de gripe porcina, te lo aseguro.
Acepto tu estilo. Comprendo que apoyes al 'poseso'. Respeto que seas una madre dedicada y que por ello te opusiste cual tigra al pico y placa de Chacao porque te alejaba media cuadra del colegio de tus hijos (eso valió mi respeto por tí como cabeza de familia). Soy capaz de entender que te quedaste engancha (como la también cincuentona Carolina Jaimes Branger) y no pudiste desprenderte del tonito demodé de sifrina ochentosa que impuso Laura Pérez, pero la ‘tosecita’ al leer el artículo de Clodosvaldo Hernández (El Universal, viernes 03 de julio 2009) fue demasiado.
Esa tos me dijo lo mal que estás, colega. Me habló de cuán carcomidos están tus pulmones por imponerte seguir a un líder que ni siquiera te defendió (no tenía cómo hacerlo) cuando el Tribunal Supremo de Justicia te ordenó salir como corcho de botella del cargo creado a tu medida en la Cancillería, ni tampoco cuando te despacharon sin mayores remilgos de Canal i.
Esa tosecita te quedó de lo peor. Fue tan fuera de lugar el querer darle una entonación a la onomatopeya escrita por Hernández, que ni siquiera el propio Clodosvaldo te acompañó en el patético sketch que montaste al leerlo. Más papista que el papa, pues.
¡Carajo Maripili, cuándo vas a aprender! ¿No te das cuenta que ya eres una mujer grande, con hijos crecidos, con un público que te sigue (yo entre ellos, por obligación, claro) y con un deber para con una sociedad que exige se le respete y que dejes el modulado de “sin par de Caurimare”, que pide que lo cambies por una voz aguerrida que al menos pueda hacer creíble lo indefendible? Aprende Vanessa (Davies) o de Helena salcedo. Esas sí que tienen una voz convincente
Y los comentarios en esa entrevista con Clodosvaldo en nada te beneficiaron, colega. Hablar de locuras, de desenfados, de irrealidades es un descaro. Si no lo crees, intenta convencer a quienes todos los días nos calamos las muchas verdades a medias que dices (OJO, léase bien: mediasverdades, que no mentiras, porque todo es según el cristal con que se mira y el tuyo tiene uno tono rojizo ajuro que no te lo quita nadie).
¡Si que eres bien descarada Maripili! Hablas de la equidad, de la transparencia que debe reinar en la información (¿o es tranparencia y los años ya me dejaron ya medio sordo?), de la objetividad (en la cual no creo) que debe presidir al hecho informativo, pero parece que es para con los demás, porque en tu caso no se aplica.
Aprende, mujer, que la brevedad de tus incursiones en los altos del poder fue tan fugaz como la del Carmona que tanto criticas. Reconoce que también quien nos gobierna es golpista (de los buenos, según tú y buena parte de quienes lo siguen). Acepta que los hondureños tienen tanto derecho a decidir su futuro como la tienen los millones de seguidores de Chávez.
Me pregunto por qué no criticas con la misma vehemencia que un presidente en ejercicio (Chávez) amenace a otro con derrocarlo, porque digas lo que digas, te parezca ‘de lo peor’ o te muerdas el codo de la arrechera, según las leyes de Honduras Micheletti es el presidente de ese país y punto.
Pero bueno, lo que me ocupa no es con tu posición política ni la muy cuestionable idea que tienes del periodismo, sino tu flemática tos radial y el caradurismo con el que hablas de equilibrio informativo sin siquiera pensar en cómo aplicas ese principio en ti quehacer diario.
Ah, y el tonito sifrino. Confieso que eso sí me revienta, porque se lo acepto a carajitas de poco seso, pero no a una mujer entrada en años como tu (o la Jaimes Branger) y que se supone defensora a ultranza de un socialismo del que estoy seguro no crees, pues si fueras tan roja rojita como dices serlo tendrías a tus hijos en una escuela socialista y no en una del reducto opositor de Chacao. Si el convencimiento fuera tal, te aseguro que te habrías quitado ese dejo de mascachicle de los 80.
Por cierto, de corazón espero que en una próxima oportunidad ensayes mejor la tos, porque la que sacarte a relucir el viernes pasado es menos convicente que la de una cantante de ópera en el rol de la tísica Violeta Valery de La Traviata. Y ni se parece remotamente a la de un infectado de gripe porcina, te lo aseguro.
viernes, 20 de febrero de 2009
Fin de Mundo
Ninguna despedida es feliz. Es paja eso que decimos muchas veces: “me alegra mucho por ti. Que te vaya bien”. Ésta no tenía por qué ser la excepción. Incluso conciente como estoy que todo tiene su final, es duro ver que el periódico que te ha sacado canas, te ha tumbado el pelo, te ha causado úlceras pero que te ha dado tantas satisfacciones, inexorablemente cierra sus páginas.
“Se cierra un ciclo y se abre otro”, prefieren decir en Recursos Humanos. Eufemismo puro. Retórica de medio pelo, forma edulcorada de matizar una dura realidad: El Mundo se acaba, y aunque renazca con un abolengo prestado, esta es una despedida para siempre (sí, con toda la dureza y contundencia del ‘para siempre’).
Todos los que pasaron por esta redacción, al menos en los últimos años, saben que no hay ni habrá otra como ella. Particular como ninguna, aquí pasé algunos de los más duros y alegres días de mi vida. Los últimos, aunque no se cuentan entre los primeros, se estarán entre los más importantes cuando haga el recuento de mis tiempos.
Pese a que solo he estado aquí seis años, estuve ligado a El Mundo desde mucho antes. Primero por varios de sus redactores. Luego porque desde que entré a Cadena Global quise subir a la redacción. Sin ánimos ególatras, hice méritos para alcanzar el cometido escribiendo de varias cosas. Fue para mi un orgullo cuando Marcos Salas me dijo “así se escribe un análisis”, refiriéndose a un trabajo a cuatro manos (de Simón eran las otras) sobre Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, polémicos trabajos de Michael Moore.
Mi llegada a la redacción no fue sencilla. Acéfala, Danisbel y Alberto se empañaban en dar a la dirección un rumbo que ellos no sabían si estaba al norte del sur o al este del oeste. No importaba, el profesionalismo hacía su trabajo.
Fue duro enfrentarse a la fría indiferencia de organismos y personalidades que se negaban a tratarme como periodista por carecer del carné de El Nacional o El Universal. Bastante arrecheras me causó que Eduardo -mi querido y recordado Eduardo- saliera al día siguiente con la información que un vocero se negó a darte por ser del vespertino de baja circulación.
No importaba. Certeza tuve siempre que persistencia y trabajo honesto terminarían por abrir puertas cerradas para los hermanitos pobres de Últimas Noticias. Y las puertas se abrieron.
Aprendí que jode. De mis compañeros de Economía y hasta de Daniela y Argelia, pasando por cualquiera que tuviera el privilegio de estampar su firma en cualquier página del diario. Siempre hay algo que aprender incluso de aquellos colegas que nuestras ínfulas de perpetuidad a través del papel, nos llevan a creer que no escriben tan bien como nosotros.
Lloré mucho, es verdad, por cosas que hoy me parecen tonterías. Y también me encambrité bastante, especialmente con Mafe y Sofía que cada 30 segundos pedían apagar el aire acondicionado. Detalles de ese anecdotario que es la vida.
Gaby y Érika sufrieron la pesadez de mis gritos, Eyanir tuvo someterse al escarnio de calarse mi rol de jefe, Goyo debió respirar hondo para evitar darme un coñazo. Ingrid pasó arrecheras con mis faltas de respuesta. La bocona Carola también me enseño a reír cada vez que algo salía mal, y por Grace supe que aun las cosas más locas son posibles. Fuimos y somos una familia
Y reí a mares. Con las locuras del Pelúo y los comentarios siempre mordaces del Guaji, las geniales salidas y humor sublime de Andrea, la candidez de Mónica y las audaces salidas de Tamoa. Ninguna palabra a la que se pudiera sacarse provecho pasaba desapercibida por Goyo, cualidad que permeó hasta todo el ghetto de Economía.
Extrañaré el queso llanero del comercio endógeno de la Neder. Echaré de menos no ver a diario la entereza de Doris, un verdadero ejemplo de integridad y fortaleza. De César sus palabras siempre cordiales pese a la cara que le ganó el sobrenombre. De Gisela el cariño cultivado por años de estudios en la UCV.
Los alocados comentarios de María Fernanda serán un eco permanente, y la respuesta a todo del pelón Iván hará falta. Del guajiro Kelvy extrañaré muchas cosas, pero sobre todos sus comentarios inteligentes y su buen humor perpetuo. Norma y su “mi prenda” quedarán pegadas a las paredes de esta torre por siempre. Y Mónica, la siempre humilde Mónica, no es justamente uno de esos personajes que pueden olvidarse de un plumazo.
Y Rocío. Bueno, ella es especial. Nuestras proverbiales curdas en el O Gran Sol fueron el inicio de una unión que esta desunión no romperá. Sus comentarios sarcásticos, la risa que retumbaba hasta planta baja no se irán aunque ella se haya ido.
No solo los que se fueron en esta última barrida obligada dejaron su huella. Aquilino y Minty, Charlie, Rubén, la Orjuela y los Danieles, Alberto y su cara de rabia eterna, Víctor y el pelúo Francisco, Omar, Eya, Hilniharbi, Edgar Moreno y tantos otros que el momentáneo olvido efecto de la cerveza me impiden no recordar, formarán parte por siempre de esta vivencia que ha sido estar en el cuarto piso de Torre La Prensa 1.
Volverá a llenarse la redacción, pero ya no será la misma. Razón hay en que nada es igual ni dura para siempre. Pero nos quedan los recuerdos, esos que si el Alzhaimer no pega a temprana edad, serán responsables de una sonrisa aún en medio del dolor por este fin de Mundo.
“Se cierra un ciclo y se abre otro”, prefieren decir en Recursos Humanos. Eufemismo puro. Retórica de medio pelo, forma edulcorada de matizar una dura realidad: El Mundo se acaba, y aunque renazca con un abolengo prestado, esta es una despedida para siempre (sí, con toda la dureza y contundencia del ‘para siempre’).
Todos los que pasaron por esta redacción, al menos en los últimos años, saben que no hay ni habrá otra como ella. Particular como ninguna, aquí pasé algunos de los más duros y alegres días de mi vida. Los últimos, aunque no se cuentan entre los primeros, se estarán entre los más importantes cuando haga el recuento de mis tiempos.
Pese a que solo he estado aquí seis años, estuve ligado a El Mundo desde mucho antes. Primero por varios de sus redactores. Luego porque desde que entré a Cadena Global quise subir a la redacción. Sin ánimos ególatras, hice méritos para alcanzar el cometido escribiendo de varias cosas. Fue para mi un orgullo cuando Marcos Salas me dijo “así se escribe un análisis”, refiriéndose a un trabajo a cuatro manos (de Simón eran las otras) sobre Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, polémicos trabajos de Michael Moore.
Mi llegada a la redacción no fue sencilla. Acéfala, Danisbel y Alberto se empañaban en dar a la dirección un rumbo que ellos no sabían si estaba al norte del sur o al este del oeste. No importaba, el profesionalismo hacía su trabajo.
Fue duro enfrentarse a la fría indiferencia de organismos y personalidades que se negaban a tratarme como periodista por carecer del carné de El Nacional o El Universal. Bastante arrecheras me causó que Eduardo -mi querido y recordado Eduardo- saliera al día siguiente con la información que un vocero se negó a darte por ser del vespertino de baja circulación.
No importaba. Certeza tuve siempre que persistencia y trabajo honesto terminarían por abrir puertas cerradas para los hermanitos pobres de Últimas Noticias. Y las puertas se abrieron.
Aprendí que jode. De mis compañeros de Economía y hasta de Daniela y Argelia, pasando por cualquiera que tuviera el privilegio de estampar su firma en cualquier página del diario. Siempre hay algo que aprender incluso de aquellos colegas que nuestras ínfulas de perpetuidad a través del papel, nos llevan a creer que no escriben tan bien como nosotros.
Lloré mucho, es verdad, por cosas que hoy me parecen tonterías. Y también me encambrité bastante, especialmente con Mafe y Sofía que cada 30 segundos pedían apagar el aire acondicionado. Detalles de ese anecdotario que es la vida.
Gaby y Érika sufrieron la pesadez de mis gritos, Eyanir tuvo someterse al escarnio de calarse mi rol de jefe, Goyo debió respirar hondo para evitar darme un coñazo. Ingrid pasó arrecheras con mis faltas de respuesta. La bocona Carola también me enseño a reír cada vez que algo salía mal, y por Grace supe que aun las cosas más locas son posibles. Fuimos y somos una familia
Y reí a mares. Con las locuras del Pelúo y los comentarios siempre mordaces del Guaji, las geniales salidas y humor sublime de Andrea, la candidez de Mónica y las audaces salidas de Tamoa. Ninguna palabra a la que se pudiera sacarse provecho pasaba desapercibida por Goyo, cualidad que permeó hasta todo el ghetto de Economía.
Extrañaré el queso llanero del comercio endógeno de la Neder. Echaré de menos no ver a diario la entereza de Doris, un verdadero ejemplo de integridad y fortaleza. De César sus palabras siempre cordiales pese a la cara que le ganó el sobrenombre. De Gisela el cariño cultivado por años de estudios en la UCV.
Los alocados comentarios de María Fernanda serán un eco permanente, y la respuesta a todo del pelón Iván hará falta. Del guajiro Kelvy extrañaré muchas cosas, pero sobre todos sus comentarios inteligentes y su buen humor perpetuo. Norma y su “mi prenda” quedarán pegadas a las paredes de esta torre por siempre. Y Mónica, la siempre humilde Mónica, no es justamente uno de esos personajes que pueden olvidarse de un plumazo.
Y Rocío. Bueno, ella es especial. Nuestras proverbiales curdas en el O Gran Sol fueron el inicio de una unión que esta desunión no romperá. Sus comentarios sarcásticos, la risa que retumbaba hasta planta baja no se irán aunque ella se haya ido.
No solo los que se fueron en esta última barrida obligada dejaron su huella. Aquilino y Minty, Charlie, Rubén, la Orjuela y los Danieles, Alberto y su cara de rabia eterna, Víctor y el pelúo Francisco, Omar, Eya, Hilniharbi, Edgar Moreno y tantos otros que el momentáneo olvido efecto de la cerveza me impiden no recordar, formarán parte por siempre de esta vivencia que ha sido estar en el cuarto piso de Torre La Prensa 1.
Volverá a llenarse la redacción, pero ya no será la misma. Razón hay en que nada es igual ni dura para siempre. Pero nos quedan los recuerdos, esos que si el Alzhaimer no pega a temprana edad, serán responsables de una sonrisa aún en medio del dolor por este fin de Mundo.
lunes, 16 de febrero de 2009
He decidido cambiar
Me he propuesto un cambio. Un cambio radical, nada de transformaciones a medias. Dejando atrás viejas convicciones, abrazaré la bandera de la revolución. Desde hoy seré un miembro más del PSUV. Me haré defensor de los postulados socialistas del siglo veintiuno que el presidente Hugo Chávez propulsa y el país, definitivamente, requiere.
Muchos se sorprenderán por mi decisión. Entre ellos, yo mismo. No ha sido fácil llegar a esta contundente decisión, pero evolucionar es parte de la vida. Tras once años de abierta oposición a la propuesta transformadora del Comandante, opté por zanjar cualquier diferencia y dejarme contagiar de la roja y purificadora ideología.
Al borde de iniciarse el l6 de febrero de este año del señor de 2009, y tras escuchar a Tibisay Lucena –flamante presidenta del poder electoral patrio- anunciar los resultados del referendo por la enmienda constitucional, comprendí que no hay otro camino. No es posible huir por siempre del destino. Aunque las reminiscencias escuálidas que me acompañaron claman por lo contrario, es imposible que más de seis millones de almas se equivoquen al ratificar que el futuro de la patria es irreductiblemente revolucionario.
Nunca quise a Hugo. Aquel 4 de febrero de 1992 sentí animadversión por el largurucho teniente coronel con ínfulas de mesías que, gracias a su intentona golpista, estaba a punto de causar la interrupción de mis vacaciones margariteñas.
Luego, cuando liberado por obra y gracia de don Rafael lo vi años después intentando despegar una improbable candidatura, consideré que era la viva estampa del fracaso: enfundado en su liquiliqui de sastre del centro y encaramado sobre un cuñete de pintura en la plaza Brión de Chacaíto para hablarle a cuatro transeúntes desconcertados, Chávez parecía más un fracasado pastor evangélico que el hombre que cambiaría los destinos del país.
Me equivoqué. Con humildad digo que reniego de ese pasado clasista y acojo a la bandera roja como bastión. Desde ahora compraré en Mercal y acudiré a los módulos de Barrio Adentro. Marcharé junto a mis millones de correligionarios, y aunque siempre consideré el rojo color de puta vieja, de ahora en adelante solo vestiré con el escarlata de rigor.
Algunos dirán que soy un desvergonzado oportunista. Otros cuestionarán una aparente inconsistencia ideológica. Saltador de talanqueras me declararán los menos allegados. Varios me considerarán un derrotado que ante la adversidad, pide clemencia al ejército ganador y abjura de sus antiguas creencias. Nada menos cierto. La claridad me tocó. Cual rayo de luz, la verdad se descubrió ante mis ojos.
Ya lo dije. Más de seis millones de venezolanos no pueden estar equivocados. Extraviado durante 11 años he estado yo al oponerme a una verdad tan meridiana y diáfana. El Comandante siempre ha tenido la razón.
Sólo él ha podido ser capaz de convencer a la mayoría de que su ideología es la correcta. Con su política del amor a manos llenas, sólo él está predestinado por la Providencia a sacarnos del atraso y salvarnos de la vorágine consumista que terminará por sumirnos en la quinta paila del infierno.
Es de ciegos no ver que Chávez es la verdad absoluta, esa que, cansado de decirlo en voz bajita ha terminado por vociferar a grito pelado para ver si los sordos como yo terminamos por aceptar que es en el absolutismo de sus dogmas donde reside la felicidad plena.
Es de mezquinos no comprender que así como Lina y Jorge, Valentín y Jessy supieron captar una verdad tangible desde el primer día, nosotros estamos obligados a asumir que nos equivocamos y, mea culpa de por medio, acogernos a la doctrina del socialismo como fundamento de vida.
Sería muy egoísta si no captara que las colas de cinco horas que debe hacer un consumidor en los megamercales es un mal menor frente al sublime hecho de matar el hambre del pueblo; que las placebos que entregan los (pseudo) médicos cubanos remedian los males de los desesperanzados; que la asignación misionera de Vuelvan Caras resuelve la miserable vida de los que ya la perdieron a manos de la droga.
Estaba equivocado. Pero gracias a Dios y los dioses todos, los resultados del quinceavo proceso electoral que hemos vivido en 10 años, he abierto los ojos a una realidad tan explícita como el llanto de las mujeres bajo el balcón del pueblo en la víspera de mi conversión.
No más resistencia al sino del destino. No más oír las voces agoreras que claman por una crisis que el Comandante asegura nunca llegará. Nada de prestar atención a los pérfidos comentarios de Leopoldo Castillo y la tía Martha acusando al gobierno de despilfarrar los cobres de la República. Caso omiso haré a las conspiraciones mediáticas que afirman que Evo es un chulo y Daniel un holgazán que se mantiene a costa del erario venezolano.
Desde hoy me sentiré seguro en las calles, porque gracias a que el Comandante podrá planificar ad infinitum la forma de acabar con la delincuencia, choros y matones se acogerán a la política pacifista del Estado y dejarán de matar por una imitación de Victorinox o secuestrar hermanos que asesinan antes de alcanzar un acuerdo monetario por su liberación.
Asumiré que no es en esta mi tierra que los vecinos queman a los violadores como respuesta a la incompetencia de la policía. Diré que es mentira que la Guardia Nacional viola los derechos humanos de corrientes moradores de pueblos andinos olvidados a la buena de Dios.
Reniego de los comentarios sobre cómo cuatro centrales para el procesamiento de etanol comprados a precio de oro a Cuba, son rematados como chatarra por inservibles. Me retracto de haber insinuado de los pingües negocios que Balsamino Belandria hace con las vaquitas uruguayas. Me arrepiento de comentar que las Empresas de Producción Social son una falacia que han desangrado varios fondos nacionales.
Me declaro socialista, comunista, revolucionario, antiimperialista, pro cubano, peseuvista, justificador de La Piedrita, afecto al proceso, seguidor del Comandante, devoto del Che, bolivariano, mirandista, zamorano, anti paecista, anti fascista, luchador social, enemigo de la oligarquía, amante de la paz de los pueblos, pro Alba, constructor de una nueva sociedad y sobre todo chavista. Patria, socialismo y muerte. Venceremos
Muchos se sorprenderán por mi decisión. Entre ellos, yo mismo. No ha sido fácil llegar a esta contundente decisión, pero evolucionar es parte de la vida. Tras once años de abierta oposición a la propuesta transformadora del Comandante, opté por zanjar cualquier diferencia y dejarme contagiar de la roja y purificadora ideología.
Al borde de iniciarse el l6 de febrero de este año del señor de 2009, y tras escuchar a Tibisay Lucena –flamante presidenta del poder electoral patrio- anunciar los resultados del referendo por la enmienda constitucional, comprendí que no hay otro camino. No es posible huir por siempre del destino. Aunque las reminiscencias escuálidas que me acompañaron claman por lo contrario, es imposible que más de seis millones de almas se equivoquen al ratificar que el futuro de la patria es irreductiblemente revolucionario.
Nunca quise a Hugo. Aquel 4 de febrero de 1992 sentí animadversión por el largurucho teniente coronel con ínfulas de mesías que, gracias a su intentona golpista, estaba a punto de causar la interrupción de mis vacaciones margariteñas.
Luego, cuando liberado por obra y gracia de don Rafael lo vi años después intentando despegar una improbable candidatura, consideré que era la viva estampa del fracaso: enfundado en su liquiliqui de sastre del centro y encaramado sobre un cuñete de pintura en la plaza Brión de Chacaíto para hablarle a cuatro transeúntes desconcertados, Chávez parecía más un fracasado pastor evangélico que el hombre que cambiaría los destinos del país.
Me equivoqué. Con humildad digo que reniego de ese pasado clasista y acojo a la bandera roja como bastión. Desde ahora compraré en Mercal y acudiré a los módulos de Barrio Adentro. Marcharé junto a mis millones de correligionarios, y aunque siempre consideré el rojo color de puta vieja, de ahora en adelante solo vestiré con el escarlata de rigor.
Algunos dirán que soy un desvergonzado oportunista. Otros cuestionarán una aparente inconsistencia ideológica. Saltador de talanqueras me declararán los menos allegados. Varios me considerarán un derrotado que ante la adversidad, pide clemencia al ejército ganador y abjura de sus antiguas creencias. Nada menos cierto. La claridad me tocó. Cual rayo de luz, la verdad se descubrió ante mis ojos.
Ya lo dije. Más de seis millones de venezolanos no pueden estar equivocados. Extraviado durante 11 años he estado yo al oponerme a una verdad tan meridiana y diáfana. El Comandante siempre ha tenido la razón.
Sólo él ha podido ser capaz de convencer a la mayoría de que su ideología es la correcta. Con su política del amor a manos llenas, sólo él está predestinado por la Providencia a sacarnos del atraso y salvarnos de la vorágine consumista que terminará por sumirnos en la quinta paila del infierno.
Es de ciegos no ver que Chávez es la verdad absoluta, esa que, cansado de decirlo en voz bajita ha terminado por vociferar a grito pelado para ver si los sordos como yo terminamos por aceptar que es en el absolutismo de sus dogmas donde reside la felicidad plena.
Es de mezquinos no comprender que así como Lina y Jorge, Valentín y Jessy supieron captar una verdad tangible desde el primer día, nosotros estamos obligados a asumir que nos equivocamos y, mea culpa de por medio, acogernos a la doctrina del socialismo como fundamento de vida.
Sería muy egoísta si no captara que las colas de cinco horas que debe hacer un consumidor en los megamercales es un mal menor frente al sublime hecho de matar el hambre del pueblo; que las placebos que entregan los (pseudo) médicos cubanos remedian los males de los desesperanzados; que la asignación misionera de Vuelvan Caras resuelve la miserable vida de los que ya la perdieron a manos de la droga.
Estaba equivocado. Pero gracias a Dios y los dioses todos, los resultados del quinceavo proceso electoral que hemos vivido en 10 años, he abierto los ojos a una realidad tan explícita como el llanto de las mujeres bajo el balcón del pueblo en la víspera de mi conversión.
No más resistencia al sino del destino. No más oír las voces agoreras que claman por una crisis que el Comandante asegura nunca llegará. Nada de prestar atención a los pérfidos comentarios de Leopoldo Castillo y la tía Martha acusando al gobierno de despilfarrar los cobres de la República. Caso omiso haré a las conspiraciones mediáticas que afirman que Evo es un chulo y Daniel un holgazán que se mantiene a costa del erario venezolano.
Desde hoy me sentiré seguro en las calles, porque gracias a que el Comandante podrá planificar ad infinitum la forma de acabar con la delincuencia, choros y matones se acogerán a la política pacifista del Estado y dejarán de matar por una imitación de Victorinox o secuestrar hermanos que asesinan antes de alcanzar un acuerdo monetario por su liberación.
Asumiré que no es en esta mi tierra que los vecinos queman a los violadores como respuesta a la incompetencia de la policía. Diré que es mentira que la Guardia Nacional viola los derechos humanos de corrientes moradores de pueblos andinos olvidados a la buena de Dios.
Reniego de los comentarios sobre cómo cuatro centrales para el procesamiento de etanol comprados a precio de oro a Cuba, son rematados como chatarra por inservibles. Me retracto de haber insinuado de los pingües negocios que Balsamino Belandria hace con las vaquitas uruguayas. Me arrepiento de comentar que las Empresas de Producción Social son una falacia que han desangrado varios fondos nacionales.
Me declaro socialista, comunista, revolucionario, antiimperialista, pro cubano, peseuvista, justificador de La Piedrita, afecto al proceso, seguidor del Comandante, devoto del Che, bolivariano, mirandista, zamorano, anti paecista, anti fascista, luchador social, enemigo de la oligarquía, amante de la paz de los pueblos, pro Alba, constructor de una nueva sociedad y sobre todo chavista. Patria, socialismo y muerte. Venceremos
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