lunes, 16 de febrero de 2009

He decidido cambiar

Me he propuesto un cambio. Un cambio radical, nada de transformaciones a medias. Dejando atrás viejas convicciones, abrazaré la bandera de la revolución. Desde hoy seré un miembro más del PSUV. Me haré defensor de los postulados socialistas del siglo veintiuno que el presidente Hugo Chávez propulsa y el país, definitivamente, requiere.

Muchos se sorprenderán por mi decisión. Entre ellos, yo mismo. No ha sido fácil llegar a esta contundente decisión, pero evolucionar es parte de la vida. Tras once años de abierta oposición a la propuesta transformadora del Comandante, opté por zanjar cualquier diferencia y dejarme contagiar de la roja y purificadora ideología.

Al borde de iniciarse el l6 de febrero de este año del señor de 2009, y tras escuchar a Tibisay Lucena –flamante presidenta del poder electoral patrio- anunciar los resultados del referendo por la enmienda constitucional, comprendí que no hay otro camino. No es posible huir por siempre del destino. Aunque las reminiscencias escuálidas que me acompañaron claman por lo contrario, es imposible que más de seis millones de almas se equivoquen al ratificar que el futuro de la patria es irreductiblemente revolucionario.

Nunca quise a Hugo. Aquel 4 de febrero de 1992 sentí animadversión por el largurucho teniente coronel con ínfulas de mesías que, gracias a su intentona golpista, estaba a punto de causar la interrupción de mis vacaciones margariteñas.

Luego, cuando liberado por obra y gracia de don Rafael lo vi años después intentando despegar una improbable candidatura, consideré que era la viva estampa del fracaso: enfundado en su liquiliqui de sastre del centro y encaramado sobre un cuñete de pintura en la plaza Brión de Chacaíto para hablarle a cuatro transeúntes desconcertados, Chávez parecía más un fracasado pastor evangélico que el hombre que cambiaría los destinos del país.

Me equivoqué. Con humildad digo que reniego de ese pasado clasista y acojo a la bandera roja como bastión. Desde ahora compraré en Mercal y acudiré a los módulos de Barrio Adentro. Marcharé junto a mis millones de correligionarios, y aunque siempre consideré el rojo color de puta vieja, de ahora en adelante solo vestiré con el escarlata de rigor.

Algunos dirán que soy un desvergonzado oportunista. Otros cuestionarán una aparente inconsistencia ideológica. Saltador de talanqueras me declararán los menos allegados. Varios me considerarán un derrotado que ante la adversidad, pide clemencia al ejército ganador y abjura de sus antiguas creencias. Nada menos cierto. La claridad me tocó. Cual rayo de luz, la verdad se descubrió ante mis ojos.

Ya lo dije. Más de seis millones de venezolanos no pueden estar equivocados. Extraviado durante 11 años he estado yo al oponerme a una verdad tan meridiana y diáfana. El Comandante siempre ha tenido la razón.

Sólo él ha podido ser capaz de convencer a la mayoría de que su ideología es la correcta. Con su política del amor a manos llenas, sólo él está predestinado por la Providencia a sacarnos del atraso y salvarnos de la vorágine consumista que terminará por sumirnos en la quinta paila del infierno.

Es de ciegos no ver que Chávez es la verdad absoluta, esa que, cansado de decirlo en voz bajita ha terminado por vociferar a grito pelado para ver si los sordos como yo terminamos por aceptar que es en el absolutismo de sus dogmas donde reside la felicidad plena.

Es de mezquinos no comprender que así como Lina y Jorge, Valentín y Jessy supieron captar una verdad tangible desde el primer día, nosotros estamos obligados a asumir que nos equivocamos y, mea culpa de por medio, acogernos a la doctrina del socialismo como fundamento de vida.

Sería muy egoísta si no captara que las colas de cinco horas que debe hacer un consumidor en los megamercales es un mal menor frente al sublime hecho de matar el hambre del pueblo; que las placebos que entregan los (pseudo) médicos cubanos remedian los males de los desesperanzados; que la asignación misionera de Vuelvan Caras resuelve la miserable vida de los que ya la perdieron a manos de la droga.

Estaba equivocado. Pero gracias a Dios y los dioses todos, los resultados del quinceavo proceso electoral que hemos vivido en 10 años, he abierto los ojos a una realidad tan explícita como el llanto de las mujeres bajo el balcón del pueblo en la víspera de mi conversión.

No más resistencia al sino del destino. No más oír las voces agoreras que claman por una crisis que el Comandante asegura nunca llegará. Nada de prestar atención a los pérfidos comentarios de Leopoldo Castillo y la tía Martha acusando al gobierno de despilfarrar los cobres de la República. Caso omiso haré a las conspiraciones mediáticas que afirman que Evo es un chulo y Daniel un holgazán que se mantiene a costa del erario venezolano.

Desde hoy me sentiré seguro en las calles, porque gracias a que el Comandante podrá planificar ad infinitum la forma de acabar con la delincuencia, choros y matones se acogerán a la política pacifista del Estado y dejarán de matar por una imitación de Victorinox o secuestrar hermanos que asesinan antes de alcanzar un acuerdo monetario por su liberación.

Asumiré que no es en esta mi tierra que los vecinos queman a los violadores como respuesta a la incompetencia de la policía. Diré que es mentira que la Guardia Nacional viola los derechos humanos de corrientes moradores de pueblos andinos olvidados a la buena de Dios.

Reniego de los comentarios sobre cómo cuatro centrales para el procesamiento de etanol comprados a precio de oro a Cuba, son rematados como chatarra por inservibles. Me retracto de haber insinuado de los pingües negocios que Balsamino Belandria hace con las vaquitas uruguayas. Me arrepiento de comentar que las Empresas de Producción Social son una falacia que han desangrado varios fondos nacionales.

Me declaro socialista, comunista, revolucionario, antiimperialista, pro cubano, peseuvista, justificador de La Piedrita, afecto al proceso, seguidor del Comandante, devoto del Che, bolivariano, mirandista, zamorano, anti paecista, anti fascista, luchador social, enemigo de la oligarquía, amante de la paz de los pueblos, pro Alba, constructor de una nueva sociedad y sobre todo chavista. Patria, socialismo y muerte. Venceremos

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