lunes, 1 de agosto de 2011

María del Pilar: flamante ministra de la Juventud Prolonga

Había prometido que no perdería un minuto más de mi vida para dedicártelo, pero al verdad María del Pilar no podía dejar pasar esta oportunidad.

Cuando a principios de julio me enteré de tu designación como Ministra de la Juventud, inmediatamente dijo lo que ya sabrás es vox populi: que al resucitado ministerio bajo tu mandato le faltó una palabra: “prolongada”.

Y no se si felicitarte, porque eso de que lo nombre a uno como responsable de las políticas juveniles cuando se está entrando en la edad de oro, no me parece muy halagador que se diga. Pero bueno, Chávez reconoció al fin tu calidad de “mascachicle” consumada, al más puro estilo de Iván Loscher

Al margen de ello, te saliste con la tuya, Hernández. Después de la mediocre paso como viceministra de relaciones exteriores para relaciones con el Imperio, por fin te puedes sentar junto al Presidente y darle cuentas de un despacho. Con presupuesto y todo, pues. ¡Qué lujo!

De algo valió la llorantina que montaste el día de la misa aquella, donde cual aceite sagrado de Clovis, Chávez fue ungido para curarlo de todos los males. Y se curó, según el doctor Fidel, está como una uva, con cero células cancerígenas (que no malignas, de esas le sobran).

Ese día, chica, creo que llegaste al summum de la jalabolería: lágrimas corriendo por tu des-inmaculado rostro; lágrimas de dolor por el héroe cuasi caído; dolor puro telenovelesco y melodramático, pero que sirvió para que el caudillo se fijara nuevamente en ti y te premiara con una cartera –y no de las francesas que mucho usas-.

Ese día me dio lástima, pero no por Chávez sino por ti. Porque, te vuelvo a recordar María del Pilar, que me pareces una grandísima hipócrita con esa mojigatería de la santidad interna.

Digo hipócrita porque me pregunto si a las miles de personas vejadas, atropelladas, masacradas por la Guardia Nacional estarán de acuerdo con los inflados elogios que has hecho de ese cuerpo militar.

Y por cierto, me pregunto si te confesaste antes de comulgar (como también me lo pregunto del caudillo); porque aunque no soy nadie para juzgarte en lo religioso, no es necesario ser muy erudito en materia litúrgica y sacramental para intuir que son muchos los pecados que cargas encima, empezando por la defensa de los malandros de Ávila TV luego de las salvaje golpiza que me propinaron a mí y a 11 de mis colegas.

Por tu bien, por tu vida eterna, por el descanso futuro y perpetuo de tu alma, espero que te hayas confesado antes de ingerir el cuerpo de Cristo en la hostia sagrada. En realidad no quisiera tenerte de compañera en la sexta paila del infierno a donde seguro irán a parar mis hueso.

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