domingo, 20 de febrero de 2011

Algo huele mal en la OEA

Antes que una visita a huelguistas que desde hace 20 días decidieron no volver a ingerir alimentos, la sede de la OEA en Caracas parecía un resurgir de la Plaza Altamira en sus mejores tiempos de rezos y mítines.

Vetustas damas encopetadas (literalmente: con alto copetes) se abrazaban entre sí con el mismo cariño de quienes se vieron en la peluquería apenas minutos atrás.

Llamativas pulseras se quedaron engarzadas en más de un bucle de mentira. Las más discretas lucían bamboleantes colas de caballo, evidencia clara de que por poco había desatendido el llamado del clarín de la patria y la cita prefijada.

De sus grandes carteras Louis Vuitton, Versace y Gucci sacaban no menos estrambóticos lentes de sol de la misma marca, a fin de que las protegiera de los pocos rayos que se colaban por entre las ramas de los grandes jabillos de la acera.

Los olores a perfumes caros, bien caros, cerraba el paso a los efluvios provenientes del vertedero de basura de la vecina frutería.

Y los maquillajes: Guao!!! Eso sí que daba gusto apreciar: gruesas capas para proteger del inexistente sol y de las evidentes arrugas, muchas ocultas debajo de ligeras blusas de seda o los monos de trotar de importantes firmas; ninguno de los cuales, seguro estoy, ha absorbido sudor alguno.

Entre perlas domingueras y gruesos collares de oro, alguna que otra aprovechaba echar un ojo a la tienda de artesanía de piuter mexicano de al lado, cuando no a las rebajas de Kalena Jeanton. Ninguna, por honor, volteaba hacia los trajes de baño. Gabriela Chacón es un nombre prohibido en su círculo.

Algún parlamentario se dejó colar en medio de aquella re-unión de las damas altamiranas; Pablo Medina a la cabeza, persiguiendo con la mirada las tres cámaras de televisión que aguardaban por algo noticioso que valiera la pena grabas.

Un sábado cualquiera en las instalaciones de la delegatura del organismo regional es, en definitiva, un jolgorio para damas de alcurnia, un reencuentro de viejas amigas dispuestas a lucir sus mejores galas de diario y que no son capaces de traspasar el umbral de las imporisadas donde en catres de capaña varios chicos (y no tanto) se aferran a la vida gracias a unas gotas de suero y las esperanzas de cambiar un mundo que se niega a tomarlos en cuenta.

Algo huele mal en la OEA, y no es la letrina portátil colocada en la acera de en frente por si algunos de los huelguistas le sobran líquidos para desechar.

Es el tufo de una parte de la sociedad podrida que se niega a entender que sacar a este país adelante, va mucho más allá de llevar cargamentos de agua Evian a quienes decidieron dejar de comer en pos de un ideal.

Qué valientes son esos carajos!!!, dispuestos a dañar sus riñones y sus vidas por una causa que se me antoja perdida de antemano, por unos perseguidos políticos que, muy al contrario de sus defensores gratuitos, han hecho mutis ante la huelga y ninguno ha decidido acompañar.

Definitivamente, nos merecemos el país vuelto mierda que tenemos.

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