Ninguna despedida es feliz. Es paja eso que decimos muchas veces: “me alegra mucho por ti. Que te vaya bien”. Ésta no tenía por qué ser la excepción. Incluso conciente como estoy que todo tiene su final, es duro ver que el periódico que te ha sacado canas, te ha tumbado el pelo, te ha causado úlceras pero que te ha dado tantas satisfacciones, inexorablemente cierra sus páginas.
“Se cierra un ciclo y se abre otro”, prefieren decir en Recursos Humanos. Eufemismo puro. Retórica de medio pelo, forma edulcorada de matizar una dura realidad: El Mundo se acaba, y aunque renazca con un abolengo prestado, esta es una despedida para siempre (sí, con toda la dureza y contundencia del ‘para siempre’).
Todos los que pasaron por esta redacción, al menos en los últimos años, saben que no hay ni habrá otra como ella. Particular como ninguna, aquí pasé algunos de los más duros y alegres días de mi vida. Los últimos, aunque no se cuentan entre los primeros, se estarán entre los más importantes cuando haga el recuento de mis tiempos.
Pese a que solo he estado aquí seis años, estuve ligado a El Mundo desde mucho antes. Primero por varios de sus redactores. Luego porque desde que entré a Cadena Global quise subir a la redacción. Sin ánimos ególatras, hice méritos para alcanzar el cometido escribiendo de varias cosas. Fue para mi un orgullo cuando Marcos Salas me dijo “así se escribe un análisis”, refiriéndose a un trabajo a cuatro manos (de Simón eran las otras) sobre Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, polémicos trabajos de Michael Moore.
Mi llegada a la redacción no fue sencilla. Acéfala, Danisbel y Alberto se empañaban en dar a la dirección un rumbo que ellos no sabían si estaba al norte del sur o al este del oeste. No importaba, el profesionalismo hacía su trabajo.
Fue duro enfrentarse a la fría indiferencia de organismos y personalidades que se negaban a tratarme como periodista por carecer del carné de El Nacional o El Universal. Bastante arrecheras me causó que Eduardo -mi querido y recordado Eduardo- saliera al día siguiente con la información que un vocero se negó a darte por ser del vespertino de baja circulación.
No importaba. Certeza tuve siempre que persistencia y trabajo honesto terminarían por abrir puertas cerradas para los hermanitos pobres de Últimas Noticias. Y las puertas se abrieron.
Aprendí que jode. De mis compañeros de Economía y hasta de Daniela y Argelia, pasando por cualquiera que tuviera el privilegio de estampar su firma en cualquier página del diario. Siempre hay algo que aprender incluso de aquellos colegas que nuestras ínfulas de perpetuidad a través del papel, nos llevan a creer que no escriben tan bien como nosotros.
Lloré mucho, es verdad, por cosas que hoy me parecen tonterías. Y también me encambrité bastante, especialmente con Mafe y Sofía que cada 30 segundos pedían apagar el aire acondicionado. Detalles de ese anecdotario que es la vida.
Gaby y Érika sufrieron la pesadez de mis gritos, Eyanir tuvo someterse al escarnio de calarse mi rol de jefe, Goyo debió respirar hondo para evitar darme un coñazo. Ingrid pasó arrecheras con mis faltas de respuesta. La bocona Carola también me enseño a reír cada vez que algo salía mal, y por Grace supe que aun las cosas más locas son posibles. Fuimos y somos una familia
Y reí a mares. Con las locuras del Pelúo y los comentarios siempre mordaces del Guaji, las geniales salidas y humor sublime de Andrea, la candidez de Mónica y las audaces salidas de Tamoa. Ninguna palabra a la que se pudiera sacarse provecho pasaba desapercibida por Goyo, cualidad que permeó hasta todo el ghetto de Economía.
Extrañaré el queso llanero del comercio endógeno de la Neder. Echaré de menos no ver a diario la entereza de Doris, un verdadero ejemplo de integridad y fortaleza. De César sus palabras siempre cordiales pese a la cara que le ganó el sobrenombre. De Gisela el cariño cultivado por años de estudios en la UCV.
Los alocados comentarios de María Fernanda serán un eco permanente, y la respuesta a todo del pelón Iván hará falta. Del guajiro Kelvy extrañaré muchas cosas, pero sobre todos sus comentarios inteligentes y su buen humor perpetuo. Norma y su “mi prenda” quedarán pegadas a las paredes de esta torre por siempre. Y Mónica, la siempre humilde Mónica, no es justamente uno de esos personajes que pueden olvidarse de un plumazo.
Y Rocío. Bueno, ella es especial. Nuestras proverbiales curdas en el O Gran Sol fueron el inicio de una unión que esta desunión no romperá. Sus comentarios sarcásticos, la risa que retumbaba hasta planta baja no se irán aunque ella se haya ido.
No solo los que se fueron en esta última barrida obligada dejaron su huella. Aquilino y Minty, Charlie, Rubén, la Orjuela y los Danieles, Alberto y su cara de rabia eterna, Víctor y el pelúo Francisco, Omar, Eya, Hilniharbi, Edgar Moreno y tantos otros que el momentáneo olvido efecto de la cerveza me impiden no recordar, formarán parte por siempre de esta vivencia que ha sido estar en el cuarto piso de Torre La Prensa 1.
Volverá a llenarse la redacción, pero ya no será la misma. Razón hay en que nada es igual ni dura para siempre. Pero nos quedan los recuerdos, esos que si el Alzhaimer no pega a temprana edad, serán responsables de una sonrisa aún en medio del dolor por este fin de Mundo.
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Mi Yisus, tu texto de seguro se queda corto ante todas la vivencias que guardamos los que pasamos por esa redacción... El bochinche eterno y las rabietas ("se sufre, pero se goza", decíamos para espantar las malas vibras que a veces rondaban) pero, al mismo tiempo, un equipo con mística, unido a pesar de sus diferencias.
ResponderEliminarSi algo extraño desde el día en que me fui de El Mundo es la sensación de compartir cada día con un grupo que al final sentía como mi familia, que era solidario (a veces de más de chismosos jejeje) y que me hacía sentir que era parte de algo.
De allí logré amigos, de los de verdad... Tu, las manas Gaby y la Ro, José Gabriel y más, que me han demostrado en los momentos buenos y en los malos también que son gente hermosa. Cada vez que los veo recuerdo lo bien que lo pasé allí, lo inolvidable que fueron esos años.
Los adoro Yisus!!!
Suhe